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De la costa para…. la costa.

Aunque las diferencias son muchas entre las sub-regiones de la costa caribe colombiana, costeño es costeño. Es gracias a la costa que este país sabe a qué sabe un buen pedazo de carne, que tenemos sal, mango y coco; el caribe le dio a Colombia su primer Nobel, al Joe Arrollo y a Emiliano Zuleta. Las potencialidades de la costa colombiana son tantas que allí confluyen todos los sectores productivos del país, al punto que es una de las regiones con mayor crecimiento anual (un promedio del 4,1%).  Paradójicamente, el peor enemigo de la costa, aquel que no la deja surgir ni ocupar el lugar que le corresponde, no son los cachacos o los paisas, es la falta de apropiación de algunas de sus gentes, particularmente de sus políticos.

 

El último escándalo en La Guajira raya con lo macondiano. Que dos gobernadores en línea hubiesen sido condenados por corrupción y que, además, eso se dé mientras el alcalde de Riohacha los acompaña en la infamia, es la más evidente muestra de que la responsabilidad del lamentable estado de ese departamento recae, al menos en gran parte, en los guajiros que han favorecido que a uno de los departamentos más ricos de Colombia se lo roben algunos bribones mientras los niños se mueren de hambre y sed.

 

Y aunque la coyuntura señala ferozmente a La Guajira, ninguno de los departamentos de la costa está libre de pecado; todos ellos están en riesgo ‘alto’ o ‘muy alto’ según el índice departamental de corrupción. Las posibilidades de desarrollo y crecimiento han sido arrebatadas a los costeños por gobernadores, alcaldes, diputados, congresistas… empresarios, ganaderos y comerciantes corruptos, cuya falta de ética y amor por la región le ha valido a Sucre, Córdoba y Bolívar hasta 4 puntos de desarrollo anual en las últimas décadas. 

 

El problema de fondo no es que algunos se hagan ricos o que decidan tomarse la justicia por mano propia y violar la ley para defender lo que es suyo; el problema es que a quienes están robando es a los costeños, y no solo les quitan plata, les quitan desarrollo. Lo que algunos cientos de millones de pesos le hacen a la cuenta privada de una persona no es ni la décima parte de lo que representarían para la salud y la educación de un municipio. Que la gente se haga rica es maravilloso, pero con lo que se ha robado solo uno de los gobernadores o alcaldes, habrían salido de la pobreza cientos de personas. Entender eso es querer la región y tener una lógica económica según la cual, a menos pobreza, más seguridad y a más seguridad, más posibilidades de hacer plata… y de disfrutarla.

 

Para nadie debería ser un secreto que la pobreza trae violencia, y la violencia arrebata crecimiento y bienestar. Sin los intereses individuales, las ganas de la plata fácil (o al menos mal habida) y el egoísmo que lleva a algunos a robarse lo que es de todos, la costa colombiana sería un ejemplo para el país y el mundo, porque tiene todo para serlo: recursos naturales que cualquiera envidiaría; el carisma y la fuerza de trabajo para convertir esos recursos en desarrollo; y la belleza y bacanería de su gente que lo hacen, aún hoy, el mayor polo turístico en uno de los 10 países por visitar en el 2017 según Lonely Planet. 

 

Si los costeños dejan de votar por los que se roban la plata de las vías, el nivel de ventas de sus productos crecería; si dejan de elegir a los que se roban los recursos de la salud, no serían titular obligado por el cartel de la hemofilia y se podrían construir hospitales de primer nivel en municipios que hoy se desangran; si escogieran entre los miles de costeños decentes e inteligentes, políticos que entendieran que si la región crece, todos crecen, entonces los departamentos de la costa colombiana y la gente que vive en ellos, entraría en una espiral de crecimiento y bienestar que están necesitando desde hace rato.  

 

La costa colombiana hoy necesita que los costeños la quieran y la respeten.

 

Referencias.

 

Transparencia por Colombia. (2017). Índice de transparencia de las entidades públicas. Disponible en: http://www.indicedetransparencia.org.co/

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, los Tres Cocos o ninguna otra organización.

 

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