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La “renombrada” Plaza de Majagual y “el Joe” Arroyo

 

¿Qué tienen en común las canciones “A mi Dios todo le debo”, “La fundillo loco”, “Tamarindo seco”, “Pañuelo y guayuco”, “Amanecemos, sí”, “La moña”, “El macaco”, “La 20 caras”, “Las mujeres”, “Cantinero”, “La rumbera”, “La cocha” “Mosaico La Chula”, “Homenaje a Irene Martínez”, entre otras? No precisamente que sean todas interpretadas por un famoso cantante, sino que en ellas este último hace mención a través de un expresivo saludo a la Plaza de Majagual, icónico sitio cultural de la ciudad de Sincelejo y lugar en donde antes de convertirse en “el Joe”, el joven Álvaro José Arroyo González siendo apenas un imberbe de 14 años y habiendo arribado de su natal Cartagena, inició su carrera musical.

 

La relación del joven cantante con Sincelejo inicia cuando los músicos y compositores Rubén Darío Salcedo y Walter Castro dirigían la agrupación Supercombo Los Diamantes y requerían de una segunda voz. Es así que en esa búsqueda se topan en Cartagena con un prometedor cantante de nombre Álvaro José Arroyo y deciden incorporarlo audazmente a su grupo.

 

Ya radicado en Sincelejo, Álvaro José participa en el Festival de la Canción Juvenil que para esa calenda organizaba la reconocida emisora Radio Sincelejo. Luego de ser escuchado y aplaudido, fue decisivamente apadrinado y protegido por más amigos y artistas sincelejanos durante casi 3 años. Sería en esta ciudad donde se gestaría por primera vez, bajo el sello Fuentes, la grabación de su melódica voz con la canción “La murga panameña” en el LP Capullito de la citada agrupación.

 

Viviendo en el barrio Majagual y siendo visitante asiduo de su particular plaza, donde muy seguramente inspirado por las resonancias musicales de Los Corraleros de Majagual y toda la dinámica folclórica de la excepcional cultura popular sabanera, el talento del futuro Joe Arroyo se fue direccionando en la intención de ser un cantante y compositor sui generis en Colombia. Así pues, otros músicos, artistas y amigos como Oswaldo Calao y Jorge Gómez Jiménez, vieron en el joven Álvaro José un estilo particular que lo hacía musicalmente interesante, coincidiendo en que poseía una voz de sonero que generaba evocación a voces caribeñas y a orquestas reconocidas de salsa y música tropical. Es así como se convierten en un apoyo incondicional para él durante este tiempo.

 

Fue en la Plaza de Majagual donde el adolescente Arroyo González interactuó con la identidad e idiosincrasia sabanera, enriqueciendo contundentemente su contenido musical hasta llegar a un nivel tan profundo que la conexión con este sitio y su recordación salían a relucir cuando en algunas de sus canciones que incluían puntuales acordes de cumbias, porros, fandangos y música sabanera, “el Joe” de forma automática lanzaba el singular saludo: “en la Plaza e´ Majagual… Sincelejo”, como si experimentara un déjà vu que lo transportaba instintivamente a Sincelejo, al barrio Majagual y su emblemática plaza.

 

Este hecho particular del saludo a Sincelejo y a su Plaza de Majagual convirtió al Joe Arroyo, sin proponérselo, en uno de sus principales promotores turísticos de la plaza, pues con sus canciones ya incorporadas en el imaginario colectivo nacional, provocaba en sus fanáticos la inquietud de conocer en detalle qué era la Plaza de Majagual, cómo lucía, cuál era su forma, qué había allí; en fin, qué la hacía tan especial para que “el Joe” la nombrara reiteradamente en muchas de sus canciones.

 

Sin embargo, dada la más reciente intervención arquitectónica para convertirla en la ahora llamada Plaza Cultural Majagual, y a pesar de los aciertos en un diseño y concepto pertinente, sigue careciendo de aspectos en su paisaje cultural, que se podrían convertir en importante valores patrimoniales e identitarios. Una estatua del Joe Arroyo, por ejemplo, contextualizada a la edad y vestimenta de la época, tocando el cencerro -instrumento que ejecutaba por esos años; un monumento que muestre a “El Joe” exaltando su talento y relación con Sincelejo, especialmente su aporte por dar a conocer la Plaza de Majagual, sería una acción que más allá de embellecerla, se convertiría en un acierto estratégico de la renovada dirigencia administrativa sincelejana en su intención de posicionar la Plaza de Majagual como un sitio con un puntual contenido cultural y turístico consecuente con su historia y dinámica social.

 

Estoy absolutamente convencido de que es preciso dar reconocimiento ante las nuevas generaciones del legado y memoria del recordado Joe Arroyo con una obra que lo perdure en el tiempo, empezando así a construir ciudadanía y fortalecer el sentido de pertenencia sincelejano. Esto ayudaría a que los nacientes talentos musicales se formen entre los moldes de sus propios cantantes y artistas, formando niños y jóvenes orgullosos de su identidad e ídolos locales, sin necesidad de traerlos del extranjero. Educando así nuevas glorias en lo cultural y dando a su vez la medida justa a nuestros deberes históricos, que nos permite saber de dónde venimos, y entender dónde estamos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

 

*Sampués, 1977. Economista, Investigador social y Gestor cultural.

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, de Tres Cocos o ninguna otra organización.

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