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El entorno y la identidad de la música

Todo acto de creación está definitivamente atado y circunscrito al universo de la persona que lo genera. El producto de la creación depende de los elementos que luego de percibidos son re-elaborados por el hombre teniendo en cuenta su esquema mental del momento. Las actitudes humanas pueden sufrir cambios en el tiempo y es factible que se den posiciones aun ambiguas en diferentes épocas.

 

El conocimiento de manifestaciones culturales foráneas puede llegar a un plegamiento del hombre hacía lo nuevo en determinado momento, llegándose aún, a abandonar las manifestaciones propias de su entorno, por considerar lo exógeno más elaborado o de mejor condición que lo autóctono. Estas evaluaciones y comparaciones se acentúan más en la medida en que los medios de difusión masiva, por desconocimiento y por afectaciones, se pliegan hacia “lo diferente”, “lo nuevo”, “lo de moda“, y “lo del momento”, lo cual en algunos casos, puede llegar a tener un mayor grado de elaboración o afectación que lo propio, que además no es más que otra manifestación con el mismo origen espontáneo y popular de lo vernáculo de otra región.

 

La comercialización y la difusión, en ocasiones, en manos de los que no son los más aptos para hacerla, ha conllevado a una desfiguración de valores y a un reemplazo de lo propio por otros elementos tanto o menos valiosos, desdibujando y desplazando lo autóctono, lo verdaderamente nuestro, y por ende, impidiendo el mismo proceso de continuidad y cambio en las líneas de la creatividad dentro de la espontaneidad y frescura que se da en un marco de identidad, cuando lo propio brota con todo su aroma, frescura y sinceridad.

 

El concepto de lo propio tiene diversos alcances y proporciones, no podemos negar los alcances de lo local, lo regional, lo nacional, y la trascendencia de esto a los límites de la circunstancia transnacional y universal. El concepto de lo propio es muy variable, pasa de lo inmediato, a lo mediano y a lo lejanamente propio.

 

Un análisis interesante a realizar es poder determinar el alcance que puede alcanzar la primera expresión eminentemente folclórica en los mercados comerciales del arte. Las expresiones populares que han transcendido, evidentemente han tenido un cierto grado de elaboración o de depuración. Tratemos de ver las expresiones populares desde otro ángulo: hasta qué punto la música interpretada por etnias con instrumentos que tienen limitaciones técnicas pueden abordar otras latitudes y llegar a implantarse en lo comercial. Solo cuando se elabora y se le extrae la esencia y se maneja con otras técnicas y lenguajes de mayor amplitud se está utilizando el sentido de la universalización. Además en el mejor de los sentidos, el mayor gesto de universalidad está en tener consciencia de lo propio y el conocer para quien, dónde, cómo y desde qué medio se está generando lo producido.

 

Ahora, en este momento de reconsideración de valores, estamos apreciando el retraer de lo propio, con agradable nostalgia para unos y alegría para otros. Ellos quienes nunca vivieron las expresiones de esas épocas, que fueron cortadas en determinado momento y desplazadas sin ninguna justicia ni lógica razón, para ubicar otras que, solo por efectos de “convivencia y afecto”, fueron recibidas e inconscientemente aceptadas por el público en la medida que era lo que sonaba en el momento de la alegría, en el sitio bello, con la persona de los afectos, y que definitivamente se apegaba y se convertía en el elemento  partícipe y en el reflejo condicionado de afectos, pero que de ninguna manera poseía la calidad o el significado de lo nuestro. Así se llegó a cortar una línea, un proceso de producción y de elaboración de música de calidad como fueron porros, cumbias, fandangos, mapalés y otras mezclas como merecumbés, cumbiones, chiquichás, etcétera.

 

Estamos viviendo un retorno que debe ser aprovechado para que se hagan los respectivos análisis, se retome el hilo en la producción de lo propio y continuemos con el proceso de mejoramiento y calidad que habían alcanzado algunos géneros musicales, de hace treinta y más años, que no han sido logrados y menos  aún superados por los de las épocas actuales. En nuestra cultura del Caribe se dan las amalgamas culturales y raciales, donde tenemos un bagaje inmenso y universal  dentro de nuestro medio triétnico y policultural, donde somos zenúes, caribes, andaluces, vascos, celtas y africanos y poseemos grandes valores, rincones y lugares donde afianzar nuestra identidad.

 

Nosotros no podemos vivir apartados del universo cultural y pretender que somos un hecho aislado, pero tampoco podemos permitir que lo verdaderamente nuestro lo hagan desaparecer quienes tienen una visión deformada, pobre y subvaloradora de nuestra verdadera cultura.

 

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, los Tres Cocos o ninguna otra organización.

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