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La retroalimentación no sólo es buena, también es necesaria.

 

Empiezo esta columna con una reflexión de mi primera entrada: “qué tal si yo no me dejo influenciar por mi grupo de amigos para colarme en la fila, sino que por el contrario, les hago caer en cuenta que meterse es perjudicar a quienes están en su misma situación”. Después de las última votación nacional en Colombia, aquella en la que nos preguntaron: Está usted de acuerdo ¿sí o no? Las discusiones y redes sociales me volvieron a demostrar que vivimos en una burbuja. Cada vez que publicábamos, en su momento, un argumento a favor o en contra del acuerdo, los “me gusta” que recibíamos eran siempre de las mismas personas, dejando por fuera, la posibilidad de oír y debatir con quienes no estaban de acuerdo con nosotros. Es por esto que en esta columna busco exaltar la importancia y necesidad, que tenemos como ciudadanos, de proporcionar y recibir retroalimentación de nuestras opiniones y acciones.

 

La retroalimentación en el imaginario tradicional se concebía como la posibilidad de recoger la reacción de un experto y modificar nuestro mensaje o comportamiento de acuerdo con lo información recibida. No obstante, la retroalimentación entre compañeros, sin ser expertos, ha venido en auge. Su prestigio se ha basado, en parte, en resultados de varios estudios de observación con grupos de control aleatorios. En algunos de estos estudios, quizás pecando por generalizar, se ha encontrado que las personas al socializar sus ideas y aceptando y aplicando las reacciones de sus compañeros, especialmente en ambientes flexibles (reuniones de amigos por ejemplo), obtienen mejores resultados (Wu, et al., 2014). Hasta aquí no hay nada muy nuevo: si tus compañeros de vida te dan un consejo, tu posiblemente lo aplicarás y en el mejor de los casos optimizarás tus resultados. Pero lo que busco recalcar aquí es que esto de verdad nos puede ayudar a evolucionar (al menos positivamente como sociedad).

 

Haciendo una maroma académica, me gustaría traer a la mesa la discusión de las nuevas tendencias en teorías de incentivos. Como lo exponen Abbott et al., (2012) en la literatura económica tradicionalmente fue ampliamente aceptado que, para conseguir comportamientos deseables se necesitaba dar recompensas o castigos monetarios (ver también Jenkins, 1993, Hong et al., 1993). No obstante, más recientemente se ha dicho que los individuos no son motivados únicamente con beneficios monetarios, sino que, apelando a la psicología (Ver por ejemplo Barr et al., 2001 y De Young, 1996), se pueden desencadenar comportamientos y acciones deseables a través del uso de palancas o incentivos no monetarios (Frey, 1999). Un ejemplo práctico y sencillo, es la campaña realizada en colegios de Estados Unidos, viral en las redes sociales, que muestra cuanta azúcar tienen diferentes bebidas como la Coca-Cola en comparación con el agua. Esta campaña, que motivó el cambio de comportamiento de los niños, logró a bajos costos disminuir el consumo de azúcar y así reducir los niveles de obesidad.

 

Sin embargo podemos ir un poco más allá; la retroalimentación también puede estar apalancada desde el sector público y privado. Por ejemplo, Ayres et al. (2009), después de analizar los resultados de un estudio de observación en términos de suministro de energía en Estados Unidos, encontraron que proporcionar informes mensuales o trimestrales de consumo comparativo entre los usuarios, ayudó positivamente a reducir el consumo de energía, con disminución sostenida en el tiempo. Un ejemplo menos científico pero quizás más cercano le pasó a un amigo el año pasado viviendo en Londres. Después de estar sacando su basura como lo hacía en Colombia, recibió una carta donde la asociación del barrio en conjunto con la alcaldía le mostraban cómo la separación inadecuada de sus residuos estaba afectando las cifras de reciclaje del barrio y en suma de la ciudad. A lo anterior, le agregaron además la información necesaria de cómo debía separar y cómo sacar su basura apropiadamente. Esta retroalimentación por parte de otros ciudadanos en conjunto con el sector público y privado, motivaron cambios positivos en su (y mi) comportamiento. Otra vez, nada muy nuevo. Hay quienes ya habían encontrado que motivando normas personales, morales y sociales se pueden conseguir comportamientos positivos (Abbott, et al., 2012; Thøgersen, 2008).

 

¿Qué tal si entonces  hacemos útil eso que parece “obvio” y la retroalimentación que hoy nos estamos limitando a dar a través de poner u omitir un “me gusta” en las redes sociales, la transformamos en escenarios de argumentación donde nos retroalimentemos como sociedad con el fin de producir comportamientos y acciones deseadas hacia cuestiones de deber e identidad cívica? Deber cívico no del estilo del Manual de Urbanidad y Buenas Maneras de Carreño, sino de cómo hacer que los sincelejanos (y costeños) estemos motivados hacia la creación de espacios de discusión y retroalimentación que vayan más allá de las emociones individuales, y que creen incentivos haciendo partícipe al sector público y privado.  

 

Referencias

 

Ayres, Ian et. AL., 2013. Evidence from Two Large Field Experiments that Peer

Comparison Feedback Can Reduce Residential Energy Usage. The Journal of Law, Economics, & Organization, Vol. 29(5), pp.992-1022 [Peer Reviewed Journal]

 

Barr, et.al. 2001. A conceptual framework for understanding and analysing attitudes towards household-waste management. Environment and Planning A, 33 (2001), pp. 2025–2048

 

 

De Young. 1996. Some psychological aspects of reduced consumption behaviour: the role of intrinsic satisfaction and competence motivation. Environment and Behaviour, 28, pp. 358–409

 

Frey. 1999. Economics as a Science of Human Behaviour: Towards a New Social Science Paradigm. Springer.

 

Hong et al., 1993. An economic analysis of household recycling of solid wastes: the case of Portland, Oregon. Journal of Environmental Economics and Management, 25, pp. 136–146

 

Jenkins, 1993. The Economics of Solid Waste Reduction: The Impact of User Fees. New Horizons in Environmental Economics Series (first ed.) Edward Elgar Publishing Ltd.

 

Abbott, et. Al. 2013. Recycling: Social norms and warm-glow revisited Ecological Economics, June 2013, Vol.90, pp.10-18 [Peer Reviewed Journal]

 

Thørgersen, 2008. Social norms and cooperation in real-life social dilemas. Journal of Economic Psychology, 29, pp. 458–472

 

Wu, Chia-Huei, Parker, Sharon K. and De Jong, Jeroen P. J. (2014) Feedback seeking from peers: a positive strategy for insecurely attached team workers. Human Relations, 67 (4). pp. 441-464. ISSN 0018-7267

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, de Tres Cocos o ninguna otra organización.

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