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La música sabanera, el WhatsApp y la alegría de ser sincelejano.

Todo comienza en noviembre de 2016 como una cosa sencilla, algo fácil y en apariencia, cotidiano: el envío a unos amigos, a través de WhatsApp, de archivos de audio de música corralera para compartir los ritmos que tuvimos en común en nuestra niñez y juventud. Anhelos de Alfredo Gutiérrez, el Compae Menejo de Calixto Ochoa, los trabalenguas de Eliseo Herrera, Las Tapas de Lisandro Meza, así como emblemáticos porros y fandangos de las más reconocidas bandas de viento sabaneras.

 

Esta intención de mi parte nacía desde mi esencia musical con motivo del Festival Sabanero del Acordeón que se realizaría en Sincelejo en 2017 dentro del marco de las fiestas del 20 de Enero, y se reforzaba además por el hecho de ser sincelejano. La cosa tuvo buena acogida, no lo puedo negar; desde muchos territorios de la geografía nacional y extranjera me empezaron a llegar mensajes de agradecimiento y muchas caritas felices y emoticones simbolizando gozo y complacencia por el hecho de alegrarles el día desde tempranas horas, pues compartía los archivos desde las 5:00 am.

 

Incluso, cierto día con mucha emoción sabanera, o tal vez por cosas de la edad, no sé, tuve el atrevimiento de enviar una canción a las tres de la mañana. Fue entonces cuando esto empezó a llamar más mi atención, pues una amiga que reside en Noruega me escribe diciendo “suéltala que tengo la escoba lista pa´ echar la bailada”, y desde el sur, específicamente en Guayaquil, Ecuador, otro amigo me dice que por favor no deje de enviarle la música porque a su mamá le alegra la mañana. Desde Estados Unidos otra persona me comenta, “vieras el brinco que pegó el gringo que llevo al lado cuando abrí Viva la vida de Pedro Laza y sus Pelayeros", y otro me dice que desde Japón le piden que no deje de enviar las canciones. En diciembre por motivos de las celebraciones, una amiga me “regaña”, porque las personas a las que ella les reenvía las canciones le preguntan que qué pasa, que por qué no les ha llegado más música. Todo esto me indica el positivo efecto que una red social, utilizada sanamente, puede lograr en muchas personas, y que para este caso en particular, se puede transmitir felicidad a través de la música.

 

La cosa se ha crecido y no sé a ciencia cierta a cuántas personas se les puede estar alegrando el alma y encogiendo el corazón al escuchar por allá lejos la música de su tierra, pero lo seguiré haciendo y ahora con mayor entusiasmo. Esto también me mostró que dentro de mis conocidos hay quienes saben mucho de nuestra música y folclor -más que el suscrito-. De ellos he aprendido y ahora estoy también compartiendo sus conocimientos. Solo me queda satisfacción y alegría, y un cosquilleo sabroso de saber que lo que empezó como una cosa sin transcendencia, se fue ampliando a los amigos de mis amigos y a los amigos de estos, para compartir lo hermoso, diverso y alegre de nuestra idiosincrasia sincelejana, sabanera y caribeña.

 

Este es y seguirá siendo mi pequeño aporte a lo grande que es la música sabanera y sobre todo a esos maestros que, en algún momento de la historia de Colombia, iniciaron el camino para mostrar a todo el mundo nuestra identidad, sentimientos, vivencias y cultura a través de hermosas melodías y rítmicas canciones.

 

A todos ellos, gracias.

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, los Tres Cocos o ninguna otra organización.

 

Compartiremos algunas de las canciones de la selección de música del autor en nuestra sección "Lo nuestro" donde semanalmente tenemos una nueva canción. 

 

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