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El día mil de la Guerra de los Mil Días*

La escena debió ser sobrecogedora y sin duda un tanto sublime: soldados vestidos con ropas raídas y el semblante devastado por los fragores de la guerra, entregan sus armas, reciben auxilios de marcha y un salvoconducto que los libera de ser combatientes de la Guerra de los Mil Días.

 

Un episodio desconocido para muchos colombianos, incluso para historiadores, ocurrió en el municipio de Sampués, departamento de Sucre, y marcó el verdadero final de un conflicto bélico que desangró a Colombia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. La historia ha definido con claridad cuáles fueron las circunstancias por las cuales se inició la Guerra de los Mil Días y dónde se dieron los primeros levantamientos armados y escaramuzas bipartidistas, sin embargo, la realidad de su final y los singulares acontecimientos que acompañaron sus postrimerías aún continúan como especulaciones de poca credibilidad y romanticismo provinciano.

 

Cuando se habla de la Guerra de los Mil Días, los colombianos traen a la memoria de manera inmediata hechos como: las batallas de Peralonso y Palonegro, el Tratado de Neerlandia y Wisconsin, y la separación de Panamá, episodios que aunque se relacionan invariablemente a este periodo, son simples flashbacks producto de lo poco que se profundiza en las instituciones educativas cuando se enseña historia de Colombia.

 

No obstante, fueron muchos los hechos relevantes en esta guerra que se mantienen inéditos y a los que se les ha dado poca trascendencia histórica. El antiguo Bolívar Grande y muchas de sus polvorientas, pero emergentes poblaciones, se constituyeron en escenarios clave para el desarrollo de numerosos sucesos que definieron en gran medida el curso de la Guerra. En jurisdicción de los otrora distritos de Tolú Viejo, Sincelejo, Sampués, Chinú y San Andrés de Sotavento por ejemplo, se dieron importantes enfrentamientos y gran parte del paisaje cultural de estas poblaciones se vio seriamente afectado por los combates y riñas guerrilleras. Incluso, Rafael Uribe Uribe y su acérrimo enemigo, Pedro Nel Ospina, se vieron envueltos en una épica persecución que desde Corozal hasta Lorica generó un interesante punto de inflexión en la historia de cada una de las poblaciones que encontraron a su paso. 

 

Luego de tres desgastantes años de guerra y sin haber logrado su propósito, los insurrectos liberales, deciden pactar un cese de hostilidades en la Hacienda Neerlandia, el 24 de octubre de 1902 en la población de Ciénaga, departamento del Magdalena. Sin embargo, este episodio que es el que tradicionalmente se asocia con el fin de la guerra, estaría lejos de serlo en su absoluta dimensión, pues sólo hasta 28 días después se formaliza este tratado en presencia del propio General Uribe Uribe y altos dignatarios del gobierno nacional en otra población del caribe colombiano. Este interesante hecho y que en realidad es el que pone fin a la Guerra de los Mil Días no está registrado como tal en los libros de historia de Colombia, sino que se mantiene oculto y casi que desconocido para la gran mayoría de los colombianos e incluso de muchos historiadores y estudiosos de este singular periodo de nuestra historia republicana.

 

El principio del fin de la Guerra de los Mil Días continúa pocos días después cuando Uribe Uribe convoca a todos los jefes de tropas liberales de Bolívar para congregarse en Sampués el día 21 de noviembre de 1902, población a la cual desde el 17 de noviembre empezaron a llegar los insurrectos liberales. Dos días después arriba Rafael Uribe Uribe. El día 20 de noviembre arribó la comisión gubernamental encabezada por el general Florentino Manjarrés, y otros militares de alto rango, iniciándose así el perfeccionamiento del Tratado de Neerlandia, eligiéndose la otrora legendaria Plaza de Peña, actual parque Rafael Vergara Támara -frente al edificio de la Alcaldía Municipal en el centro de Sampués-, como sitio de encuentro. El 21 de noviembre, los altos mandos liberales redactaron una manifestación de apoyo y admiración al general Uribe Uribe por la manera cómo dirigió la guerra. A cada soldado se le hizo entrega de un salvoconducto y un auxilio de marcha. 

 

El conocimiento de este tipo de episodios de la historia local, nos ofrece una visión distinta de la realidad de un pasado que es necesario evocar y revalorizar en la mente de todos y en especial de las nuevas generaciones, con el fin de convertirlo en un claro y constructivo referente para el presente y las proyecciones futuras.  

 

Nuestra realidad forma parte de un amplio proceso histórico y que es el resultado de interesantes realidades anteriores; y si bien es cierto que no podemos devolver la gigantesca rueda demoledora de la historia y su inexorable paso del tiempo, sí es hora de volver la mirada hacia el pasado, para que logremos construir una buena y propia historia desde una verdadera identidad.

 

*Una versión de este artículo también fue publicado por el autor en el Meridiano en Junio de 2013. 

 

FUENTES

Documentos Militares y Políticos relativos a las campañas del General Rafael Uribe Uribe. Bogotá : 1904. 

 

SIERRA BARON, Ramón. Memorias de un Sargento Mayor en la Guerra de los Mil Días. Sincelejo : 1932. 

 

PINEDA, Manuel Antonio. Efemérides de la Campaña del general Rafael Uribe Uribe en Bolívar. Cartagena : 1939. 

 

SALAZAR, Víctor M. Memorias de la Guerra (1899 – 1902). Bogotá : 1943.

 

PUENTES, Milton. Historia del Partido Liberal Colombiano. Bogotá : 1961.

 

GARCÍA MARTÍNEZ, Manuel. Memorias de Manuel García Martínez “Málaga”. Libro sin publicar y sin paginación. Sampués :1964.

 

SANTA, Eduardo. Rafael Uribe Uribe, Un Hombre y una Época. Medellín : 1968.

 

CASTAÑO Z., Luis Ociel. Uribe Uribe, Rafael. En: CASTRO CARVAJAL, Beatriz y García Peña,

Daniel. Gran Enciclopedia de Colombia, tomo X. Bogotá : 1994

 

BERDUGO, Juan. Memorias de la Guerra. En: FUNDACION ANTIOQUEÑA PARA LOS ESTUDIOS SOCIALES. Estudios Sociales N° 8 – 9. Medellín : 1995.

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, de Tres Cocos o ninguna otra organización.

 

 

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