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Ese segundo: el clic del “compartir” en las redes sociales.

Abro el Facebook y me encuentro con un flujo de información difícil de manejar: gente en bikini, cómo reciclar para no acabar con el planeta, matrimonios, propaganda paga para uñas, problemática nacional, como viajar nos cambia la vida, Daniel Samper vs Uribe, la esposa de James, gente en bikini, peleas y más peleas. Lo he dicho, difícil de manejar.

 

Con las redes sociales recibimos un flujo constante de información que nos hace ya sea más selectivos o en el peor de los casos, más flojos: nos limitamos a leer los titulares y a ver videos (ojalá cortos de no más de 2 minutos). Hagamos un ejercicio aquí para ver cuántas personas que le dan un “me gusta” a este texto dejan un comentario diciendo “Lo leí” (ojalá sean muchas).

 

A pesar que hay todavía mucho camino por recorrer en términos de acceso a internet para poblaciones vulnerables, podríamos decir que la tendencia en los últimos años ha sido la extensión del acceso a internet y con ello el uso de redes sociales. De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, al tercer trimestre de 2016 existía a nivel nacional un total de 15,130,185 suscriptores, un 31% de penetración del internet. En Sucre, la penetración es sólo de un 5,1% pero la tendencia está en aumento.

 

Las redes sociales nos han dado la palabra a muchos usuarios. Pero también nos ha llevado a consumir información como borregos e información que en muchos casos no es la más acertada. Las noticias falsas, por ejemplo, no sólo aquellas de Actualidad Panamericana, son compartidas diariamente en las redes sociales. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Stanford (Allcott & Gentzkow) sobre noticias falsas y su impacto en las elecciones de Estados Unidos en 2016, de una base de datos de 115 noticias falsas en favor de Trump durante el período de elecciones de 2016, se reportó que estas fueron compartidas 30 millones de veces en las redes. Lo más interesante es que una encuesta llevada a cabo por BuzzFeed reveló que un 75% de las personas expuestas a noticias falsas creyó lo que estaba leyendo (Silverman & Singer-Vine).

 

Y es que con las redes sociales se ha extendido no sólo la capacidad de interactuar, acceder a información y expresarnos, sino también la capacidad de ser manipulados no sólo por el mercado y todo lo que nos vende, sino también por otras fuerzas, incluyendo la política. Como lo expresa Peter John Chen (2013) quien analiza el rol de las redes sociales en la política, la importancia de las redes sociales no es solamente que proveen canales alternativos para la comunicación de actores políticos durante período de elecciones (como lo estamos viviendo actualmente en Colombia), sino también como un espacio en el que la opinión pública se forma (p. 75). Y es aquí donde la cosa se pone interesante, pues las redes sociales ofrecen la posibilidad de manipular y moldear la opinión pública.

 

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos encerramos y volvemos a la época del bíper? Pues tampoco. El internet, el acceso a la información y las redes sociales son una excelente oportunidad para ampliar nuestro conocimiento, facilitar nuestra forma de trabajar, darle voz a los que no son escuchados. Pero también debemos asumir con responsabilidad su uso y el impacto que estas tienen en nuestra sociedad.

 

Debemos ser críticos, leer y que no sean otros los que decidan qué creer. Debemos también analizar el impacto y la responsabilidad que tenemos con nuestras publicaciones, en especial aquellas que se salen de la órbita de lo privado.

 

En un momento en que Colombia está cada vez más polarizada, los lectores y usuarios a las redes debemos tomar con mayor responsabilidad ese momento en que hacemos un clic para compartir o darle “me gusta” a publicaciones y analizar la carga de violencia de nuestros comentarios. Antes de amargarnos, generar odio y repudio con una publicación, pensemos antes en abrirla y ver cuál es la veracidad de la fuente y no sólo eso, sino hasta qué punto dicha fuente está polarizada o contándonos la parte de la historia que ellos quieren hacernos ver.

 

Una simple ojeada a Facebook nos muestra que al menos en ese medio, estamos en una grave polarización de los usuarios en Colombia que se alimenta de noticias amoldadas, así como de comentarios agresivos. Una lucha de trinos, post y comentarios que lo que están logrando es distraernos de los verdaderos análisis y lo más triste, lo que puede ser la construcción sana de país, el debate con argumentos. El nivel de mentiras y violencia verbal al que se ha llegado en las redes ciega cualquier tipo de debate. Esa agresividad no se queda en la órbita virtual, sino que permea en nuestra sociedad. Pensemos que ese desconocido no es una foto virtual en Facebook, ese desconocido puede ser el médico que te atiende, la profesora de tu hijo o la persona que está sentada a tu lado en el bus.

 

Hay que bajarle la intensidad del conflicto en las redes y hay que reconocer que, a pesar de ser un escenario virtual, tiene un impacto en nuestra sociedad y refleja también lo que somos.

 

Referencias

 

Allcott & Gentzkow (2017). Journal of Economic Perspective – Volume 31, Number 2 – Spring 2017 (pp. 211-236)

 

Chen, P. (2013). Social media. In Australian Politics in a Digital Age (pp. 69-112). ANU Press. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/j.ctt2jbkkn.11

 

Silverman & Singer-Vine (2016) Most Americans Who See Fake News Believe It, New Survey Says. BuzzFeed News. Disponible en: https://www.buzzfeed.com/craigsilverman/fake-news-survey?utm_term=.ouqN88EqO#.mwm744go9

 

 

Nota: Las observaciones y opiniones que figuran en este artículo son del autor(a) y no reflejan necesariamente las afiliaciones profesionales del mismo, los Tres Cocos o ninguna otra organización.

 

 

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